La biblioteca de Des Esseintes. I

INTRODUCCIÓN

Muchos son los gritos que pueden oírse en contra de las notas a pie de página. En un acto tan íntimo y personal como es la lectura (de literatura), hay quien denuncia las explicaciones o las anotaciones de la persona encargada de su traducción o su edición como intromisiones, como interrupciones de la vivencia poética de lo que se narra o de lo que se poetiza. Esa misma gente, supongo, sería incapaz de leer Larva: Babel de una noche de San Juan de Julián Ríos, construida en su cincuenta por ciento en notas a pie de página y explicaciones adicionales, que para más inri pueden no tener nada que ver con el asterisco del que parten, o Pálido fuego, de Nabokov, verdadero juego hermenéutico en el que a un bloque poético inicial se le suman una larga ristra de comentarios de cada uno de los versos y/o figuras poéticas, por un lado, y un glosario de términos y personajes, por otro. Es más: ¡detengámonos por un momento a imaginar la irritación y el sufrimiento que a estos lectores les debe de suponer navegar por Internet, con su enorme cantidad de hipervínculos e intromisiones!

Como en todo, considero que las notas a pie de página siempre serán bienvenidas cuando las rija un criterio de calidad y no de cantidad. Desde luego, acercarse al Finnegan’s Wake de Joyce o al En busca del tiempo perdido de Proust sin la ayuda de un asterisco amigo puede resultar una actividad muy desesperante. De hecho, las buenas notas a pie de página sirven tanto para explicar contenido(s) y aclarar conceptos como para abrir nuevas puertas en la interpretación, esto es, para llevar la lectura a territorios de los que uno a priori quizás no hubiera tenido noticia. Lo que bajo ningún concepto puede permitirse un editor o un traductor es hacer de las notas a pie de página algo redundante, innecesario o, aún peor, reduccionista. Dicho de otro modo: las notas deben (ayudar a) abrir las puertas escondidas en el texto, deben revelar lo que a primera vista parece oculto o lo que se considera necesario, y no volver el texto más oscuro, o banalizarlo en base a comentarios añadidos que limitan el alcance del escrito.

En una obra como A contrapelo de Joris Karl Huysmans, que trataremos en cierta profundidad en las páginas siguientes, uno no puede permitirse el lujo de maltratar la experiencia vital de un ser culto y refinado como Des Esseintes, su protagonista y alter ego del autor, con explicaciones que parafraseen lo que ya se ha escrito y que reduzcan el poder y la fuerza de las imágenes utilizadas con comentarios sacados de cualquier manual de teoría estética decadentista. Desde luego, estas malas notas a pie de página confirman que el afán pedagógico muchas veces consigue alejar el conocimiento en vez de volverlo más asequible. Pierden al lector, en vez de ayudarle.

¿Por qué pienso que en este caso se trata de un error mucho más sangrante que en otros? Huysmans, entre otras muchas cosas, decidió hacer de este ataque al naturalismo que es A contrapelo un compendio de los placeres estéticos y sensuales de alguien ya sólo interesado en lo artificial, en lo delicado, en lo sublime, en aquellos productos surgidos de la mano del ser humano que consiguen llevar a límites insospechados lo que la naturaleza sólo proporciona en forma de semilla. Entre otras cosas, lo que hace es edificar con ejemplos y anti-ejemplos una casa-teoría en la que el mobiliario, los sabores, las imágenes y los recuerdos – y los libros, por supuesto- reflejan el estado interior del personaje y cambian y se modulan al tiempo que lo hace la sensibilidad de su morador. De lo que se trata es de construir un submundo “artificial” a partir de lo que ofrece el mundo “real”, un escondite en el que puedan colmarse todas las exigencias y todos los deseos de alguien que busca huir de la vulgaridad, de lo común. Porque Huysmans-Des Esseintes busca huir de lo agotado, de lo ordinario, no se puede encerrar entre palabras gastadas por el uso lo que se presenta como único e incomparable. Y de la misma manera que hay libros que no están hechos para consumo de un público masivo, los hay que deberían estar fuera del alcance de editores y traductores imprudentes.

Es una lástima que la edición de Cátedra, la que escogí para realizar este trabajo, no esté a la altura de la obra que encarna. También es cierto que pocas lo podrían estar. No hace falta acudir a encuadernadores de Lortic, Trautz-Bauzonnet o Chambolle o imprimirla en caracteres episcopales, como hace el protagonista del libro en cierta ocasión1. Sólo sería necesario respetar el espíritu inicial de quien lo escribió; nada más, pero tampoco nada menos. Y, en el caso de Huysmans-Des Esseintes, de lo que habría que huir como de la peste, sin duda, es de la vulgaridad. Pero, ¿qué es la vulgaridad para Des Esseintes? A lo largo de “A contrapelo” encontraremos insultos, invectivas, y ataques de todo tipo, pero en ningún caso encontraremos definición o perífrasis algunas que nos iluminen su significado. Se nos dan pistas: la vulgaridad pertenece, casi como un rasgo diferencial intrínseco, a la burguesía racionalista, positivista y capitalista, centrada en hacer negocio y guiada por un espíritu hipócrita y lleno de contradicciones; lo vulgar parece ser lo opuesto al estilo depurado y profundo, y parece estar compuesto precisamente de obviedades, de cosas terrenales, “humanas”, “naturales”, entendiendo estas palabras, si nos es posible, desde un punto de vista peyorativo y de menosprecio; lo vulgar parece ser precisamente lo que ha sido hecho sin atención, lo descuidado, lo carente de valor por carecer precisamente de preciosismo, de detalle; finalmente, lo vulgar es aquello que no es personal, aquello que pertenece a la masa, lo que no parece sacado de lo más profundo de uno mismo.

Des Esseintes-Huysmans es un individualista exacerbado, un elitista obsesionado por encontrar trazos de belleza en lo opuesto a lo convencional y a lo conservador. La influencia de Baudelaire es innegable, y como veremos más adelante, Des Esseintes le reserva un lugar muy especial en su concepción del mundo. Al mismo tiempo, como precursor de otros decadentes como Jean Genet, con sus mini-construcciones artísticas Des Esseintes consigue poner en duda el “mundo exterior” y a la postre enriquecerlo con su propia perspectiva. Lo que consigue con su crítica, cuya viabilidad en forma de “modus vivendi” será seriamente cuestionada, es precisamente lograr que los que no forman parte de su experiencia puedan adaptarla como propia, con la subsiguiente crisis: ¿es posible separar lo “uno” del “otro”? ¿Puede saberse qué es real y qué no? ¿Hasta qué punto somos conscientes de los discursos que dominan nuestra percepción de la realidad?

En las siguientes páginas intentaremos analizar cómo Des Esseintes ha construido su sensibilidad, su obra, su vida, en base a los libros que ha leído, como una especie de último epígono quijotesco en una sociedad en la que el héroe de Cervantes tenía poco – o eso se creía- por decir. No en vano Des Esseintes dedica un tercio del libro más o menos a ordenar, analizar y comentar las publicaciones que forman parte de su colección. Lo que propongo en este trabajo es una ruta de lectura de dicha biblioteca que permita comprenderla desde un punto de vista contemporáneo. Artista y clásico por derecho propio, el personaje de Huysmans ha influido profundamente en la historia del arte y de las letras, y con esta pequeña monografía no deseo sino hacerle todos los honores de los que soy capaz.

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