I’ve seen that movie too (I)

El Aula Xcèntric de Noviembre de 2016, I’ve seen that movie too, girará alrededor de la naturaleza de las relaciones entre realidad y cine desde una perspectiva muy concreta: las imágenes cinematográficas han invadido “nuestra realidad” y “nuestro pensamiento”. Se está comprobando desde hace años que construimos nuestros recuerdos y nuestros pensamientos a partir de trozos, escenas y sentimientos de película. Pensamos y sentimos cinematográficamente en cualquier momento de nuestra vida. Y Andrés Hispano, organizador del curso, se pregunta si es posible crear o trabajar imágenes fuera del cine; en otras palabras, si podemos encontrar o elaborar imágenes no cinematográficas para salirnos, como quien dice, del poder multi incluyente y omnívoro del cine.

En esta primera sesión me han surgido una serie de preguntas que espero que vayamos tratando a lo largo del curso: ¿Qué es lo que nos preocupa de esta “invasión” del cine en nuestra intimidad? ¿Qué es lo verdaderamente escandaloso? ¿Que no pensemos con libertad? ¿Que no sintamos con libertad? ¿Es esta libertad lo que las imágenes del cine nos están quitando? ¿Nos preocupa que nos construyan las ideas de otro? ¿Dónde está el límite, la separación, entre lo privado y lo público, entre lo personal y lo social?

Me interesa aquí traer a colación la idea del cine como lenguaje. Si el hombre es un animal de palabra, si es un animal que vive en la palabra, necesariamente depende de la palabra para ser y pensar. Y esa palabra que utiliza, su gramática, su sintaxis, son públicas. ¿Qué es lo personal en el uso del lenguaje? ¿Qué es lo personal cuando sentimos a través del lenguaje? ¿Qué es lo personal cuando todo lo que tenemos es lenguaje? ¿Quiénes somos si somos lenguaje? En el Aula Xcèntric las preguntas son ligeramente distintas pero se refieren a lo mismo: ¿Acabamos de descubrir que el cine es lenguaje? ¿O que el cine tiene el mismo poder que el lenguaje (porque es lenguaje)? ¿En qué momento el cine como lenguaje pasó a diseñarnos?

Desde luego, la figura del artista o el cineasta como creador absoluto aquí ya no está en juego. Sí que es relevante bucear, como explicó Hispano, en esas figuras del cine y de la cultura de masas que han creado imágenes-estereotipo, patrones, que han dado una forma a nuestros mitos: cineastas, guionistas, pero también diseñadores, expertos en márketing y publicidad, actores y actrices capaces de simbolizar algo más grande que ellos. Pero ellos no son creadores absolutos; sus obras no surgen de la nada; y lo que cuentan o enseñan, ¿es suyo? ¿Cuánto de lo que se consigue en una obra de arte es propio de alguien, y por lo tanto transmisible a otra persona? ¿Cuánto de lo que “alguien” piensa es propio y puede “invadir”o “contaminar” una mente diferente, una persona diferente? ¿Qué supone esa invasión o esa contaminación?

La sorpresa de por qué pensamos o recordamos con algunas imágenes debería ser la misma que por qué utilizamos las palabras que utilizamos. Y las cuestiones de lo propio o de lo ajeno, o de lo propio y lo impropio, tienen que ser llevadas a otro terreno. El cine jamás ha sido sólo cine. Las palabras jamás han sido sólo palabras. ¿Las personas siempre hemos sido personas?

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